Vibradores, cuando el placer no está reñido con la salud

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Los vibradores han sido el icono de los juguetes sexuales desde sus inicios. Tamaños, formas, colores, son muchas las variables que nos permiten elegir entre un tipo u otro, pero son cada vez más las voces que claman una nueva vertiente: su utilidad. Y nos referimos, por supuesto, a la que va más allá del propio placer que proporciona su uso. Desde mejorar nuestras relaciones sexuales hasta ayudarnos para las relaciones puramente de pareja, los vibradores se han desmarcado como uno de los recursos más útiles en la actualidad a la par que divertidos.

Vibradores. El aliado perfecto en la cama

A estas alturas es imposible negar el placer que llega a proporcionar un vibrador, pero lo que no está tan extendido es su uso en nuestras relaciones sexuales con otras personas. Mientras que en la intimidad es el mejor amigo, discreto y sin tabúes, en compañía se convierte en un aliado que nos permitirá complementar el sexo sin perder el ritmo en ningún momento. Esto se traduce en abrir nuestra mente a nuevas promesas sexuales, probando todo tipo de ideas alocadas que hasta ahora no nos atrevíamos a poner en práctica. Si hemos introducido a un tercer participante, ¿por qué no aprovecharlo?

Una forma fantástica de arrancar con él en la cama es aprovecharlo para estimular todo nuestro cuerpo. Juega con él, pídele a la otra persona que lo sujete y haz que explore tu cuerpo sin dejarse un solo centímetro libre. Buscar las zonas erógenas puede esperar, el deseo será tal que tardaremos poco en que nuestra pareja y el propio vibrador se pongan en marcha. Del mismo modo que sabemos cómo manejarlo en soledad es el momento de introducirlo abiertamente, pudiendo incluso con el tiempo animarnos con más juguetes sexuales de otra índole. El límite es la imaginación, recuérdalo siempre.

Confianza cargada de picardía

La confianza en la pareja es uno de los aspectos más importantes, siendo la comunicación y la sencillez aspectos fundamentales para alcanzarla. Abrirle nuestro pequeño mundo de placer personal es enseñar que confiamos en su forma de entender el sexo, invitándole a participar de forma activa sin prejuicios ni dudas.

Si el placer y la libertad los sumamos a beneficios para la salud en nuestra relación amorosa ya podemos comprender hasta qué punto los vibradores pueden sernos útiles. Su carácter íntimo hace que mostrarlos a nuestra pareja sea ya una señal de confianza, de complicidad, permitiéndole conocer una parte muy personal de nosotras mismas y que muy pocas personas llegan a descubrir hasta ese nivel. Pídele que lo sujete, que lo observe y se imagine lo que eres capaz de hacer con él. Verbaliza sus propias fantasías y pregúntale cómo lo usaría. El morbo está servido.

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